No todos tenemos la suerte o privilegio de ser personajes que se desdoblan, vivimos esta vida desde diferentes perspectivas (a veces, diría yo, al mismo tiempo), vamos por la calle como cualquier peatón, pero en realidad no vamos, coexistimos, andamos, flotamos, volamos… sobrevivimos.
La vida o los genes nos han vuelto locos (a veces, también, podemos echar algo de culpa a las hormonas) pero seguimos, trabajamos ocho, diez, doce horas, llegamos temprano al trabajo y tarde a casa; posponemos, a veces, las citas con desconocidos a los que solemos llamar amigos, vamos al teatro, al toquín, o simplemente tomamos un café para ver pasar el gentío (esperando, tal vez, encontrarnos con otro como “yo”).
No somos exiliados porque andamos en metro y visitamos restaurantes, no somos parias porque en nuestro mundo somos parte de una sociedad (aunque ésta sea la de los parias), vivimos, como dije, enfundados en varios personajes: el trabajador, la madre de familia, el amigo, la comparsa que va a los eventos de los cuates sólo por no dejar; pero en el fondo, somos gente que sueña despierta y, a veces, también durmiendo, gente que hace lo que otros no se atreven, no por querer ser importante, sino porque la vida sería un poco menos ridícula si nadie lo hiciera, somos los que quedan cuando el bar ya ha cerrado, los que salen a las 5 de la madrugada sólo para ver el amanecer de un día de farra, los que escriben cuentos, poemas, se montan personajes y los representan (en escenario), los que pintan, dibujan, cuentan: una sociedad, un mundo en el que nos inventamos, queremos ser y estar.
No sé que somos, salvo, acaso, un pedazo de luz, las comillas del título, el twit que misteriosamente alguien retwitteó: por gracioso, inspirador, preciso, ocioso; nos lamemos las heridas como gatos, le buscamos el sentido a la mañana: si el día se nubla, nuestro pensamiento gira en torno a la melancolía, si la sale el sol, le ponemos soundtrack y con los audífonos gritamos en silencio.
No he bipolaridad, si acaso personalidad múltiple, ingenio para no ser quienes creen los otros, y aún así, ponernos traje, corbata, ir a la junta con el jefe y, a veces, sólo a veces, cuando los astros se colocan y todo parece ser perfecto, el mundo nos regala una sonrisa.
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