Es curiosa la forma en que recapitulamos nuestra vida cuando menos lo esperamos, y como al reencontrarte con algo que dijiste o pensaste puedes eslabonar una historia que fluye en contrasentido con el tiempo.
Hoy abrí el caralibro y una nueva sorpresita en él, una sección donde relees toda la sarta de burradas que has escrito desde que tienes cuenta, en orden aleatorio, por supuesto, frases de lo más insípidas como “Tengo hambre” o “Haciendo maleta”, apoyadas por fecha de publicación me recuerdan aquel día en que terminé desayunando a las nueve de la noche, o uno de los incontables viajes relámpago a la Ciudad de México para tomar un café con los amigos o buscar libros que ni por equivocación llegan a la ventiúnica librería de Poza Rica.
“Hoy me dice mi hija: ¿Sabes que debe ser un verdadero problema? Ser alérgico a uno mismo. Creo que le robaré esta frase para algo, jeje”, cuanta sabiduría esconden los niños tras esa melena despeinada y los bigotes de leche, a veces creo que ser madre es lo mejor que me ha pasado, claro, luego Sam rompe un vaso más de la vajilla o vuelve de la escuela con el uniforme blanco pintado de azul y quiero ahorcarla.
“Qué la vida es un carnaval? Pues a algunos de repente nos toca limpiar el vómito de los que se pasaron de copas…” ¿Sí las penas con pan son menos, con Facebook son buenas? Las cosas que uno escribe cuando no todo sale mal, a veces, claro, sólo a veces, algún amigo se compadece y te pregunta (de manera pública, claro) ¿qué te ha pasado? O en el peor de los casos ¡la volviste a cagar!
En fin, los clásicos de “los espero mañana a las tal horas en tal lugar para tal evento, no se lo pierdan”, o la recapitulación de todos los trabajos por los que he pasado con frases como “Hoy es día Movistar” o “Todos a las esferas de la salud” o esta genial “reportear no deja tiempo para el FB”.
Basta con sumergirse en el anecdotario de microhistorias para tener ganas de llorar, de irse de pinta con los cuates o volver a la cocina por más rosca de reyes congelada, basta leer un par de versos de Neruda, de Ángel González, de Sabina, posteadas como estado; o mi favorita “Paren el mundo que me quiero bajar”, para recordar por qué fue que comencé a escribir hace no muchos inviernos.
Hay muchas que definitivamente no transcribiré aquí ya que son demasiado viscerales y preferible fuera que se perdieran en el limbo del ciberespacio, otras me encantaron por su simpleza y algunas evocan tiernos o depresivos recuerdos.
Las hay que son reescritura de lo que otros escribieron, como esta: “@Ramon Rosas Caro Lengua: órgano sexual que algunos degenerados usan para hablar”.
Lo malo es que si le pican muchas veces de pronto comienzan a desaparecer, así como la nostalgia, si insistimos mucho en ella se vuelve chocante.
Yo espero, por lo pronto, que los embates de la vida no sean tan crueles, y si no, pues ya se enterarán en mi próximo estado del Fb.
“Hasta mañana…”

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